El sentido común es político: Nelson Castro en Los Toldos

Anoche Cazadora tuvo el privilegio de vivir desde adentro del auditorio la charla con el periodista Nelson Castro. Fiel a un estilo desenfadado pero elegante, de modales finos, eligió hablar por más de una hora y media de política. Comenzó con una disertación de alrededor de cuarenta minutos, parado frente al público, y al terminar, prefirió que los presentes le hiciera entre ocho y diez preguntas. En general, abundó en su discurso el ideal de cambiar los políticos indecentes y la opción por una ciudadanía activa que regule a la clase dirigente. Otro tema que tuvo mucha resonancia fue la educación de las generaciones presentes y futuras. Centrada en la escuela pública. Castro, testigo de privilegio de la realidad nuestra y del exterior, pasó por el Museo Casa Eva Perón y la Feria del Libro, abriendo nuevas compuertas al pensamiento político argentino. Cazadora apuntó algunos temas para analizarlos y seguir en debate.

Foto: Twitter de Nelson Castro

Viernes 20hs
La noche de viernes se presentaba propicia para asistir a la charla de Nelson Castro en la Feria del libro organizada por la Sociedad de Escritores y la Municipalidad de Viamonte. Para los que no tenían entrada se dispuso una carpa para ver la conferencia en vivo en el patio del Museo Eva Perón, al lado del auditorio; el frío arreciaba. Antes de entrar escuché que una mujer protestaba por no poder ingresar a ver al periodista, “Ah, está reservado…”, dijo con cierta bronca y entre lamentos, mientras el joven de seguridad, le decía que ellos “no tenían que ver con eso”. En fin, episodio controlado. Entré, me habían regalado una entrada, y me coloqué en la parte superior. Puede decirse que no estaba repleto, pero sí lleno, de hecho Castro se sorprendió de ver tanta gente un viernes. Este hecho me honra, dijo, lo parafraseo. Una vez presentado formalmente, el periodista y doctor dio inicio a su charla. Intentaré, con algo de justicia a mi memoria y a la de los presentes, hablar sobre los puntos débiles y fuertes de la valiosa conferencia dada anoche.

Un periodista masivo es como el Aleph
Puedo decir que el paso de Castro en Los Toldos dejó un reguero de buenos modales y la certeza, de la cual hasta yo dudaba hasta ayer, de que el sentido común es político. Es decir, construye política; es decir, nadie es inocente cuando enuncia, mucho menos cuando hay un auditorio de por medio, mucho menos cuando el que enuncia, Nelson Castro, en este caso, representa al periodismo de los grandes medios de comunicación. Con esto sólo quiero decir: no que tiene una influencia sobre la gente (“ustedes”, “nosotros”), dijo él, porque esta palabra me genera dudas, sino que su discurso tiene un alcance masivo. Nelson Castro en Los Toldos, Nelson Castro en Chernobyl, Nelson Castro en Radio Continental, Nelson Castro en TN, Nelson Castro en una escuela de Jujuy, Nelson Castro con Mirtha Legrand… Así podría seguir con reproducciones infinitas de Castros por el mundo y la Argentina. Esto es lo que permite un medio de comunicación, el poder del alcance (de su voz, de su discurso, de su punto de vista). Y esto es lo valioso: que alguien que está ahí, en los medios, venga al pueblo, conozca el interior profundo y acopie material para decir “la verdad” y no especulaciones de sillón o de panel a las que estamos acostumbrados.

Foto: Sander Crombach


Un punto de vista genuino
Ahora bien, en otro orden de cosas, ¿de dónde sale su punto de vista? Que yo sepa ayer no nombró un solo autor, no dijo que leía, no se refirió a ningún pensador, y de igual modo no expuso ideas nuevas, entonces, ¿de quién son estas ideas? Y uno no tiene más remedio que pensar que son suyas. De que son sus opiniones. Sí, si hay un reconocimiento de Castro es su aparente ecuanimidad y apertura a temas candentes como la educación y la política, entre otros como hacerle frente a referentes de la política más de segunda línea, o de primera, llegado el caso. Pero estas ideas de política y de educación no están disociadas. Las ideas de Castro, para mí, salen de dos fuentes, por lo menos: los lugares de donde trabaja como periodista y la realidad como testimonio inalterable, palpable, de la que se nutre; y la ideología liberal, en el sentido de cómo ejercer la ciudadanía, cierto civismo por individuo y un concepto ideal de democracia. En cuanto a él, y su rol, es un testigo privilegiado de la realidad Argentina; viajero “por fortuna” de su trabajo, puede comparar nuestro país con el resto de los países de la región y el mundo. Conclusión de esto, para que nos quede claro, el periodismo no es neutral, hace política. Tiene intereses que pueden no ser comerciales, pero sí pueden ser modelos de país, modelos de pensamiento y de acción. Un paso al sinceramiento, a la honestidad es que, los periodistas, “hablan desde un lugar”. De modo que no hay la pretendida objetividad, ni la independencia es tal. En este sentido hay convicciones, hay una cierta objetividad, pero desde el propio lugar. No desde ningún lugar.

Lo que sí, lo que no
Bien, hay que decir algunas cosas más sobre esto, me parece. Primero y por empezar, le damos la mano a Castro porque defiende la educación pública. Si hay algo de lo que puede sentir orgullo todavía nuestro país es por tener universidad pública de calidad. Pero, hay que agregar algo: no se tiene porque sí, se tiene porque se luchó décadas y décadas por tenerla. De modo que este derecho es conquistado, no adquirido, no estuvo siempre ahí, gratuitamente, al alcance de todos. De esto, Nelson Castro, no habló. Sí dijo, políticamente correcto, que “ningún político camina las escuelas”. ¿Qué político caminó alguna vez un pasillo de una universidad pública, un Instituto de Formación Docente? Que se hace política en las universidades, por ejemplo, o en los colegios, no es novedad, como tampoco es menos novedoso que haya alumnos de clase media de capital mejores preparados que otros del conurbano o el interior, pero también se enseña y se aprende, se discute y se debate, y se piensa una argentina mejor, creo yo. En esto estamos a mano.

Foto: El cronista.com

Los males de Argentina
Sigo con la cuestión del apego a lo real y agrego el pasado idílico y la grieta. Los males de Argentina, en resumen. Los “males” de este país están desde el principio, que yo sepa, desde siempre. La llamada grieta supone dividir el espacio social en dos, pero siempre hubo discusiones, debates, ideas distintas, dentro de la historia argentina. El problema es pensar que hay y hubo solo dos, cuando existen y existieron, muchas maneras de pensar el país. No hay una única manera de estar de acuerdo o desacuerdo, sea con el partido que sea. No veo por qué situar entonces toda la maldad y el daño producido por la política en los últimos dieciséis años, después de la crisis del 2001. Si llegamos a la crisis cruenta del 2001 es porque el proceso que le antecedió desencadenó en la catástrofe. Fue el famoso lema social: “váyanse todos”. Y ahí sí concuerdo con Castro, Menem fue uno y quizá el máximo de los culpables. Pero no sólo este nefasto presidente, sino la dirigencia y la complicidad social que mantuvo sus privilegios con su gobierno. Que prefirió rifar lo público por lo privado, en vez de apostar por las escuelas públicas y preocuparse por la marginalidad y desigualdad que provocaba. En este punto estamos de acuerdo. Cuestiones de contexto de época, sí, pero que aún tiene sus efectos persistentes sobre el tejido social que deterioró.


¿Micropolítica o ciudadanos críticos?
Hay más cuestiones y podría extenderme tanto en los puntos débiles como en los fuertes. Sin desmerecer en absoluto la presencia de un periodista clave de la última década. Creo que el ejercicio está sirviendo en este sentido. Me parece que un punto débil de Nelson Castro que aparece como fuerte es que interpela a una generación y a un país que demanda cuestiones que no son parte de la agenda del cambio generacional que estamos viviendo, con mucha intensidad, el último tiempo, en el país y el mundo. El mundo político y de los negocios se mueve hacia espacios conservadores, pero la ciudadanía, por así decirlo, se mueve para otro lado, hacia el progresismo y la incertidumbre del presente. Hacia la apertura del pensamiento y la sexualidad, pero también a la encerrona del empobrecimiento y la falta de trabajo real. Y acá hay que ponerse de acuerdo en serio, entre generaciones.
En este punto, la micropolítica que asume Castro niega, me parece, la realidad de lo que está sucediendo. Es loable respetar la norma, la ley, separar los residuos y no copiarse en la escuela. Es clave pagar los impuestos, invertir en educación pública y que la política no sea corrupta ni bruta. Pero no es suficiente, y son ya tópicos clásicos de un liberalismo impotente frente a los cambios de generación que suscita hoy el debate. Suscita y necesita. Entiendo que este periodista está dispuesto a tratarlos.

Foto: Laurbedigital.com


¿Yo, dónde estaba?
Yo no me sentí interpelado en este sentido, y siento que la juventud, en su mayoría, tampoco se sentiría convocada por los temas que Castro habló anoche. Me parece que el punto a debatir, el más importante creo, y entiendo que Nelson Castro, por el lugar que ocupa sería clave para que reflexione sobre la importancia real de lo que hay, así como es clave la importancia que tiene lo regional, el mal llamado interior frente al centralismo de Buenos Aires. Me refiero a trabajar (sé que este verbo es productivo y activo) con lo que tenemos, con lo que somos, con nuestra realidad heredada pero también con nuestras fantasías y deseos situados en nuestro territorio (sé que esto parece romántico). Pero ¿no es romántico querer cambiar la Argentina? Sí, es mucho más abarcativo y grandilocuente que trabajar con lo que tenemos. Pero lo que tenemos es lo posible para alcanzar lo imposible. O lo que parece imposible. Los proyectos. Calzar los deseos de una y otra generación.

Como la veta de oro: vemos el futuro, ¡pero hay que extraerlo!
No se puede pensar con la cabeza del siglo pasado nuestro presente, porque el futuro llegó hace rato. Nuestro sentido común, nuestros temas comunes, no siempre es el de todos, no siempre es el de los poderosos, en el mal y en el buen sentido. Nuestro sentido común es para las causas prácticas, perdidas. O bien, para acordar, no para aferrarse. Muchos de los que ayer se fueron de la charla se sintieron reconfortados por un ejercicio de buenos modales políticamente correctos, pero en el fondo repleto de contradicciones. No pienso, por mi parte, que el tipo de periodismo de Castro no sirva por eso, ni que no sirva reforzar ciertas ideas que plantean superar al país del estancamiento. En estos tiempos, es importante su sentido cívico, la responsabilidad, el ejercicio de la ciudadanía activa, etc. El problema quizá es cómo nos encontramos entre generaciones. Anoche se notó, de manera contundente, que queremos llegar a un acuerdo en común, eso está en el aire, pero, vale recalcar esta regla sobre todo a los más adultos: “a no hacer trampa”. Ya sabemos que todo sentido común es político.

Es escritor y comunicador social. Tiene dos novelas: La carne alucinante y Viaje ritual. Y el estudio El camino sosegado, dedicado a la obra de Antonio Di Benedetto.

2 Comments

  1. No tuve tiempo de ir a ver a Castro. En realidad daban una repetición del partido Argentina-Bulgaria del mundial 86, y no me lo quería perder. Me parece mucho más valiosa ésta nota que haber ido a escuchar a alguien portador de ese “sentido común” tan usado para manipular. Gracias Nacho Bosero por haberte sacrificado por nosotros.

    1. Gracias Marcelo por tu comentario!
      En la medida de lo posible quise hacer llegar mi impresión de la charla para que los que no pudieron asistir (o eligieron no hacerlo).
      Saludos, Nacho.

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