Gualicha de olvidar

Esta semana, revista Cazadora les trae tres poemas de “Gualicha de olvidar”; hay en ellos una angustia irreverente, una finitud vital. También está el humor, que posterga y contrasta estas sensaciones opresoras y vuelve a restablecer el cable a tierra. Hay mucho de vivido y mucho de querer vivir aquí, pasión, podría ser la palabra que encarnan estos textos. Se los dejamos…

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@korpa

GATILLO FÁCIL
Media hora de retraso
le clavó el Chevallier.
Una peli sin sonido
que apenas alcanzo a leer.

Y por si fuera poco
se me sienta al lado un cana
con una valija negra,
borcegos y picana.

La pistola de su costado
me roza el muslo izquierdo
y aunque respiro con cuidado
pienso para mis adentros:
-Qué suerte la mía!
de no ir en el asiento delantero…

Como es de saber,
no hay blanco más predilecto
para el cuerpo policial
que una espalda vulnerable
y una bala por detrás.

DOMINGOS DE BIODECODIFICACIÓN
Todos los seres humanos, en alguna vida
pasada, al menos una, habremos caído en
prisión –otros tanto desdichados en ésta-.

Todos, en alguna vida pasada, habremos
escuchado, con el corazón en pausa, nuestra
sentencia veinte minutos antes de perder la
libertad por un tiempo eterno.

Mi teoría plantea que ese instante traumático
se replica en el presente cada domingo al caer
el sol, cuando el chicle de la libertad ya
pierde su sabor.

A eso le llamo biodecodificación emocional.

-A quienes tienen en sus manos la decisión de
trabajar o no el lunes, libertarios.
A quienes no irán a trabajar el lunes porque no
tienen dónde, mala gestión de gobierno.

DÍAS DE SOL
A Ramiro, como a todo duende, le gusta vagar durante
horas solo. Recorre el bosque con sus diminutas botas
embarradas, explorando los rincones más frondosos.
Se distrae con pájaros coloridos a los que sigue veloz
cualquiera sea su dirección.
Se baña en los ríos más helados. Rasca la tierra húmeda.
Se alimenta de insectos fluorescentes y, cuando tiene suerte,
saborea su manjar preferido, un hongo colorado,
brillante, con pintitas blancas.
Se tumba en el pasto boca arriba a descansar.
Luego emprende su andar por largas horas trepando árboles
y lianas para cubrir el cielo.

Ramiro es tan libre como la imaginación de un duende.
Tiene un mundo infinito a sus pies.
Dentro de mi cabeza.

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