Herederos de nuestra Historia

La espiritualidad suele ser un punto de unión pero también de cosmovisiones diferentes, por ejemplo, con pensamientos y rituales distintos sobre algunos lugares considerados sagrados. Aquí, varias comunidades mapuches de Los Toldos explican su modo de concebir la Laguna La Azotea y La Olla. Fiel a su estilo, nuestra Cazadora más territorial, Gabriela Lezaeta, charló con las comunidades y aquí presenta sus visiones, por demás peculiares.

Texto: Gabriela Lezaeta / Fotografía: Comunidad Ignacio Coliqueo (Foto de Portada destacada y Atardecer en la Azotea) y Comunidad Hermanos Mapuches (todas las restantes)

Herederos de nuestra Historia
Con el objetivo de conocer la importancia de dos lugares emblemáticos del turismo en nuestro municipio y de interiorizarnos en la Cultura Mapuche Toldense, me acerqué a tres comunidades: Indígena Mapuche Tribu Ignacio Coliqueo, Cultural Kintu Kimun y Hermanos Mapuches de Los Toldos.

La Azotea: ¿Cementerio o laguna?
Es un cementerio, donde descansan los ancestros de los habitantes mapuches de nuestra comunidad, y al mismo tiempo, es fuente de espiritualidad, de conexión con sus raíces: representa la historia de unos 100 a 120 años atrás, aproximadamente. Además, es un ojo de agua producto de la naturaleza misma; por dicho motivo, siempre contiene agua. Se la considera una reserva ecológica.
Ahora, si es un lugar de descanso de cuerpos, ¿por qué no se entierra gente desde hace años? y, ¿por qué se han hecho bailes? La respuesta es compleja. Las comunidades agrupadas llevan años luchando y teniendo reuniones con el municipio (con cada gobierno de turno) para declarar a la Azotea Patrimonio Histórico Cultural y Natural, lo que protegería la zona de modificaciones y daños irreparables. Cuando las negociaciones entre las partes intervinientes estaban encaminadas, y tanto arqueólogos y antropólogos habían tenido contacto con el lugar, la Comisión Laguna la Azotea, planteó que el lugar siga siendo un cementerio. Sin embargo, para esto, debiera ser intervenido por maquinaria que dañaría los restos que allí descansan y que poseen una antigüedad considerable. A modo de ejemplo, algunos de los huesos hallados en el año 2016, según los estudios realizados, datarían de entre unos 40 y 60 años atrás. Por lo tanto, si no se sabe la ubicación exacta de los restos no es posible realizarlo (aunque se cree que en cada loma hay cadáveres). En paralelo, al no ser un lugar sagrado “para todos”, y no solo para los descendientes mapuches, como apertura al turismo, se han realizado bailes, cumpleaños, etc., lo que, con cierta razón, no ven con buenos ojos las diferentes comunidades.

Descanso en el pasado y en el presente de los mapuches en Los Toldos
Los actuales miembros del pueblo Mapuche sostienen que las sepulturas a lo largo del tiempo han ido variando; desde envolturas de los cuerpos en cuero ubicados mirando al Sol, entierros en la misma posición pero dentro de cajones (hay halladas tapas de dichas bóvedas hace tres años atrás, en el predio del cementerio mapuche); con el paso de los años, desde 1901 aproximadamente, en adelante, se aplican los mismos ataúdes. Sin embargo, el reposo es en el primer panteón municipal construido. Actualmente, algunas familias, ante sus pérdidas, deciden cremar a sus seres queridos para luego arrojar sus cenizas en tierras de la Tribu en lugar de recurrir al establecimiento del municipio. No obstante, la comunidad Ignacio Coliqueo sostiene que no está bien vista la cremación, aunque sea una alternativa.

Religión versus espiritualidad: paz interior y armonía

Si hay algo en lo que los entrevistados coincidieron, fue en dejar en claro que su gente no tiene religión alguna: ellos creen en la espiritualidad; la misma que construyen día a día debido a la pérdida de identidad que han sufrido al ser discriminados y convertidos al cristianismo o tener que callar sus raíces para sobrevivir. Como dice la Comunidad I.C.: “A diferencia de las religiones, vos no te podés hacer evangelista, o Umbanda, nosotros nacemos mapuches, somos mapuches”.
La espiritualidad para este pueblo se sustenta en las energías, y la fuerza y movimiento que cada cosa/elemento o ser vivo tiene y que habita la tierra. Por eso no tiene santos, cada cosa se respeta y cuida como parte fundamental de algo más grande, es decir, de una fuerza celestial. Según expresa la Comunidad Kintu Kimun: “Una piedra, cualquiera diría que no tiene vida y la piedra si vos la golpeás saca chispa, esa chispa quiere decir que hay energía, entonces si hay fuerzas es como si tuviera un espíritu, hay vida”.

Las/los machis: sanadoras, portadoras de sabiduría
Son mapuches que nacen con un don, personas que son elegidas por el poder celestial ya sea para curar a otros miembros de la comunidad, para ser quien escuche y se comunique con los ancestros o para ser quienes llevan a cabo ceremonias de despedida a los que parten de este plano terrenal. Su despertar, por así decirlo, puede ocurrir durante la infancia, juventud o adultez, una vez que se acepta el don y la responsabilidad que conlleva, empieza un camino de preparación que es acompañado por otros, generalmente los ancianos de ese pueblo. “Es como una orden, uno no puede no querer, porque generalmente la gente que no quiere se enferma”, señala la Comunidad K. Kimun. Con el fin de ayudar a sus hermanos pueden recurrir a tres métodos: El kulxum, instrumento musical que tocan las mujeres y también los hombres; entrar en trance, momento en que se comunican con el poder celestial y ancestros que “viven en otro plano” y reciben mensajes, que si se pueden compartir son retenidos y registrados, además de comunicados por un interlocutor; o a través de las hierbas medicinales. Estos, a su vez, pueden alcanzar diferentes niveles de conocimiento y tener diferentes poderes, dependiendo del elemento del que se guie, por ejemplo, el viento.

En la actualidad: ceremonias que perduran en la tribu de Los Toldos
La ceremonia que se realiza entre el 20 y 24 de junio es compartida por las tres diferentes agrupaciones interrogadas, es la del recambio de año (ciclo, según su costumbre), donde sus antiguos comparten su sabiduría con las generaciones que viven en el presente y las futuras, en camino; tienen una duración que abarca desde la entrada del Sol hasta su siguiente salida, donde, acompañados de la Luna, ellos escuchan y se conectan con su Cultura, con su Pasado y su Historia. Sólo una de ellas, la Comunidad Hermanos Mapuches, tiene en su almanaque tres fechas adicionales de relevancia, ordenadas por orden de realización. Sigue en el primer domingo de octubre, donde se pide que la primavera proporcione buenas cosechas, buenas raíces, y se presentan al poder celestial a todos los niños nacidos hasta el momento, acompañados de sus padres, abuelos, tíos y hermanos. La tercera festividad coincide con el verano, donde se agradece lo recibido de la tierra; la cuarta tiene lugar el 19 de abril, el día de los pueblos originarios. Los encuentros en estas fechas se desarrollan en la casa cultural mapuche. Luego se movilizan hacia la Azotea y la Olla, más tarde llegan hasta la plaza Rivadavia para izar la wenufoye (bandera); se finaliza en la casa cultural.

La Loma Colorada: un pozo, una fuente de renovación de energías y misterio
Las historias que se cuentan en torno a este lugar son muchas, los originarios de la tribu no saben precisar si es producto de un meteorito que cayó o si es producto del hombre. Lo que si dejan claro es que durante las inundaciones que han sufrido los campos aledaños en varias ocasiones, todo era tapado por el agua menos el lugar mencionado, causando así inquietudes, ya que por su profundidad también debiera ser cubierta por el agua. La misma característica es, a su vez, proveedora de relatos: haber sido un refugio para las mujeres y los niños cuando el cacique Ignacio Coliqueo y su gente eran atacados; fuente de comunicación con otras ollas, según la función que el lonko supiera darle; como la de ser un espacio donde, se dice, él podía levitar o elevarse entre 50 cm o incluso 1 metro. En cuanto a su forma, se comenta que tanto ha sido modificada por el hombre, al sacar tierra para rellenar otros lugares vecinos, como se ha modificado sola, inexplicablemente.
Si nos alejamos del municipio, las leyendas que el espacio geográfico genera son en torno a situaciones paranormales, y por ser un lugar donde se cargan energías, muchos forasteros traen sus piedras para limpiarlas y cargarlas energéticamente; además de relatos locales sobrenaturales, como el siguiente, que reproduzco, de los integrantes de la Comunidad Ignacio Coliqueo: “Bajamos un día, pedimos permiso, nos sentamos a tomar unos mates, a recibir toda su energía, pero de repente empezamos a escuchar con mi amiga el ruido de una víbora de cascabel en todas las direcciones; nos rodeaba, hasta sentirlo bajo nuestros pies”. En cuanto a la cantidad de lugares energéticos como este, se cree que solo existen tres en el mundo: uno en Venezuela, otra en Tucumán y la ubicada en nuestro municipio, es decir, la Olla; sin embargo, según recuerdos de la infancia de algunos originarios, muy cerca había otra olla, que fue rellenada por un gobierno de turno, hace ya varios años…

Conclusiones finales
Para que los muertos del pueblo mapuche que conviven entre nosotros descansen sin correr peligro de ser dañados y al mismo tiempo que el turismo sea responsable, es decir, uno vaya y disfrute del día y tome mate, por ejemplo, en un ámbito de respeto por el sitio en el que se encuentra, es necesario que la azotea se agregue a la lista especial de la ordenanza municipal N° 2934. También, que los pobladores actuales, herederos de la cultura que supo habitar la tribu, merezcan una mayor integración a nuestra comunidad, lo que ayudaría a no verlos como gente bruja por sus costumbres diferentes a las nuestras. Sucede tantas veces, al no comprender el contenido espiritual de sus ceremonias o el papel de las machis, que como comunidad hacemos a un lado creencias y personas, separándolos, incluso nos aprovechamos de su cultura como extracción, no como cultura diferente; ya sabemos lo que sucedió en el pasado: el miedo a la diferencia ha llegado a exterminar numerosos pueblos originarios y/o a obligar a cambiar sus raíces y creencias a través de la violencia ejercida por el Estado, en muchos casos, con apoyo de la Iglesia.
El pueblo mapuche se diferencia de nosotros los huinkas principalmente en la forma de relacionarse con la mapu (tierra), por eso la cuidan. Sobre este tema puntualmente, podemos aprender de ellos pensando en un futuro con mayor cuidado de la tierra y menos contaminación. Donde sea posible una prospectiva del mundo limpio de agrotóxicos, sin enfermedades producto de los químicos, y una sociedad que se visualice menos ambiciosa; es decir, que no se preocupe por almacenar en poco tiempo, mucho, a cualquier costo, con el ideario de “aprovechar la coyuntura globalizada”. En cambio se interese por cosechas que permitan una mejor rotación y diversificación de los cultivos y la tierra. Al fin y al cabo, son políticas y también decisiones culturales. Al final del camino quizá la riqueza no haya servido para tanto, si es cierto que “polvo somos, de polvo venimos y en polvo nos convertiremos”.

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