La potencia del arte en la escuela

¿Cómo podemos pensar el cruce entre arte y educación? Un encuentro, un espacio, otro lenguaje desde dónde abordar problemáticas, y además, pasarla bien jugando. El arte como herramienta de intervención en los conflictos que convocan a los jóvenes de nuestras secundarias; el arte con su potencia transformadora. El CAJ (Centro de actividades juveniles) de Los Toldos, y de la escuela Normal, con su proyecto de teatro llamado “Compañía de sueños ilimitada”, viene haciendo desde hace dos años un arduo trabajo con este cruce entre educación y arte. Las profesoras Gabriela Nicholson y Julia Castellani son parte del equipo que se pone este desafío al hombro, bajo la coordinación, en estos días, de Laura Squejola, y la supervisión de César París y Marisa Lezaeta. Con Julia y Gabi estuvimos compartiendo, durante junio, algunas clases junto a los jóvenes. Para Cazadora, tomó apunte y escribió sobre esta experiencia Justine D´Orsi.

Texto: Justine D´ Orsi – Fotos: Víctor Bosero

¿Qué es el CAJ?
“Lugar donde podemos venir a hacer teatro y podemos expresarnos y demostrar lo que nos gusta hacer”.
“Imagino un lugar donde puedo ser yo, un lugar donde está lleno de amigos y nuevas experiencias, un lugar cálido y agradable; un segundo hogar, un refugio donde me puedo liberar.”
“Un lugar donde podés aprender a compartir, pasarla bien. Podés confiar y contar muchas cosas.”
“Para mí es un lugar donde me puedo expresar libremente.”
“Un lugar donde puedo ser libre y expresar lo que siento sin ser juzgado ni juzgar a nadie.”
“Un lugar recreativo, artístico.”
“Es un lugar maravilloso donde podés compartir algo tuyo para el resto.”
“Es un lugar donde podés expresarte y ser como sos sin miedo de ser juzgado.”
“Es una experiencia diferente, acá podes estar libre sin que te digan nada.”
“Un espacio donde distenderme un poco de todo, una actividad relajante y sumamente divertida.”
“Para mí es un lugar donde te venís a divertir y a conocer gente nueva; también te olvidás de todos los problemas y la pasas bastante bien.”
“Un lugar donde te podés expresar libremente y pasar un buen rato con amigos.”
“Para mí el CAJ es un espacio donde puedo expresarme libremente sin la necesidad de ser evaluada con una nota como lo es con las materias de la escuela, además conocí a varias personas estos dos años y compartimos mucho.”

* Significaciones que recolectamos de los chicos sobre el CAJ.

El CAJ (Centro de Actividades Juveniles) de la escuela secundaria N°1 (conocida como escuela Normal), tiene un proyecto de teatro. Es el segundo año que se realiza; el primer año culminó sus actividades con la presentación de la clásica obra de Federico García Lorca, “La casa de Bernarda Alba”, en los Altos de la Sociedad Española (ambos días con entradas agotadas).
Los alumnos que asisten tienen entre 13 y 18 años. Todos están escolarizados. Algunos realizan el secundario en la misma institución, otros en la escuela Técnica.
El CAJ no es obligatorio, es extraescolar. El espacio los convoca, ellos asisten, y al revés: asisten y el espacio los termina por convocar.
La semana pasada, presentaron en la Feria de Ciencias el material audiovisual que crearon visibilizando una problemática que los atraviesa, el Bullying, después de abordarlo en clases anteriores a partir de fragmentos de una poesía escrita por una de las alumnas, Lara Monteverdi, y eligiendo, en este caso, como representación, la expresión corporal. Sabemos que pasaron a la etapa regional.
Comunican a través de las redes sociales. Tienen un canal de youtube, allí suben los videos que realizan. También hay un perfil en Facebook. Nicolás (alumno del CAJ) fue el creador del logo “Compañía de sueños ilimitada”.

¿Qué puede el arte en educación?

Según Philippe Meirieu, francés especialista en Ciencias de la Educación y pedagogía, “El arte es una manera extraordinariamente positiva desde el origen de los tiempos para que los impulsos interiores, que pueden ser a veces violentos, muy individuales, egoístas, etc., sean transformados de manera creativa.”
Enmarcados en las actividades propuestas del proyecto del CAJ los jóvenes asisten, además, a obras de teatro como espectadores, se ubican en el proceso de recepción – percepción de una práctica artística. El proyecto de teatro del CAJ lo contempla, según dice César París, quien lo escribió en 2018: “La experiencia de ser espectadores, como punto de partida del presente proyecto, por otra parte, promueve ese fenómeno de encuentro sin mediación que es parte indisociable del acontecimiento teatral”. En este sentido, vivencian “lo estético” que, según Daniel Sánchez (Profesor y licenciado en Historia del Arte), implica “una experiencia cualificada” que tiene acción, reflexión, emoción y genera en el individuo una transformación”.
El arte como herramienta de enseñanza implica “generar personas autónomas, que construyan una red de sentido apoyada en valores, dispuestas a relacionarse con personas y entornos diversos, cambiantes y complejos, a partir del respeto al otro y con acciones creativas para integrar soluciones a las distintas problemáticas que se vayan presentando”.

Bitácora – Una tarde en el CAJ
Jueves 6/06.

Son las 15:35; todavía estoy en casa, llego tarde.
Julia me mandó a la mañana un mensaje de whatsapp. Me esperaba con los chicos esta tarde en la sala de arte de la escuela normal, me dijo que llegara cuando quisiera, que no había drama. Quise llegar temprano, pero siempre se me hace tarde…
Llego a la escuela. Por la tarde es otro mundo. Guardapolvos blancos por todos lados y mucho ruido. Cuando subo por las escaleras, en los escalones, hay tres chicos, dos de ellos con guitarra.
Me aproximo a la sala, golpeo y entro. Me apresuro a saludar a cada una, son cuatro. Julia, Gabi y dos de las chicas, alumnas.
Julia es súper simpática; Gabi no tanto. A Julia la conocí este año por los carnavales infantiles, me prestó unos shorts. A Gabi creo haberla tenido de profe, unas clases, y de tenerla de vista, en la calle, porque este es un pueblo chico.
No sé dónde ubicarme. Me transpiran las manos y, por querer mirar todo, no veo nada.
Apoyo la mochila en las mesadas de la sala. Las chicas están sentadas sobre las mismas. Quise hacer lo mismo, pero no me pareció adecuado.
Julia se acerca y me comenta que esta mañana presenciaron una obra de teatro. Eran actores de Rosario que dramatizaron El túnel, la novela de Ernesto Sabato. Creo haber leído la novela para unas de las clases del secundario. Me cuenta que esas actividades, como ir a ver obras teatrales, son parte del proyecto del CAJ.
Comienzan a llegar más chicos y más chicas. Los que estaban en el pasillo, eran del CAJ, venían para acá. Llegaron y se sentaron en una esquina, sacaron sus guitarras. Los demás estaban sentados alrededor de las mesas. Son rectangulares y largas. Hay dos y un pizarrón. Después hay otra parte de la sala donde Gabi enchufó los equipos de música, no logro ver bien.

No recordaba mucho la sala de arte. Tuvimos pocas clases acá. Tiene muchos colores, y en los vidrios están pintados, entre otros, el indio, Chaplin, Charly.
Los chicos charlaban a los gritos. Se veían celulares sobre la mesa. En un momento, Gabi pide silencio. Comienza a preguntar quiénes habían ido por la mañana, qué era lo que habían visto. De qué se trataba. Levantando la mano, fueron respondiendo.
Julia me pide que me presente. Me niego. Y comienzo a sentir los cachetes rojos. Julia insiste. Recorro a todos con la mirada, parecen expectantes. No me queda más que ceder. No sé bien qué decir, no lo tenía pensado. Empiezo por mi nombre y les cuento que vengo a presenciar su clase para poder escribir. Les menciono que no estoy segura de qué puede salir, pero que lo intentaré. Se me seca la boca. Bajo la mirada.
Gabi me salva, menciona mi cuaderno que lo tengo a mano para escribir por si me viene un momento de inspiración y les recuerda que deben portarse bien, a modo de chiste.
Supongo que a nadie le gusta sentirse observado dando clases. Ni Julia que parece tan segura con su corporeidad. El cuaderno hace obstáculo, pero pararme a guardarlo en la mochila es todo un desafío.
Al fin, Gabi invita a los chicos al otro sector de la sala, donde tiene la música, para que comiencen a elongar. Un par se quedaron con las guitarras y los demás están en la ronda del mate conmigo.

Julia comienza el mate. Una de las chicas no quiere participar porque tiene cólicos y otra la acompaña. Hay dos que van y vienen. Y uno de los chicos, no recuerdo el nombre, se sienta al lado mío. Julia le pide que me cuente qué es lo que hace con las redes sociales. Con una cámara en sus manos, me cuenta que él va sacando fotos y haciendo videos para poder subirlos a la página de Facebook. Seguimos tomando mates.
Escucho la conversación que tiene Julia con una de las chicas. Le cuenta que se le rompió una yoguineta. Se lamenta: “Fa no. Alto culo me hacía”. Me rio. Recuerdo que a su edad me daba vergüenza los cambios en mi cuerpo, ella los disfruta. Mientras juegan a la mancha puente los demás que estaban elongando, se escuchan carcajadas y gritos, “sálvame, sálvame”.
Se acercaron los chicos que estaban tocando guitarra en una esquina, se pusieron en frente. Uno frente al otro, uno parece que sabe más y lo guía. “Vos no te reprimas, seguí practicando en tu casa, te va a salir”. Son lo más, pienso.
Se toman un recreo de diez minutos.
Algunas bajan al baño, otros se sientan a comer masitas que trajo Gabi. Clementina toma agua. Y le convida a Lara.
Lara es la escritora del grupo, “la poeta”, en palabras de Julia. La observo y su corporeidad está lejos de la representación de poeta que tengo en la mente. No parece tímida, ni solitaria, ni nada de eso. Julia me cuenta que hicieron una poesía sobre el bullying, que van a participar en feria de ciencias con esa temática que ya vienen trabajando. Me contó que cuando tuvieron que contar sus experiencias, surgieron muchas cosas lindas, entre lágrimas.

Finaliza el recreo. Julia coloca una bolsa de consorcio negra sobre el piso, en el medio. Los llama a seguir con la actividad del día anterior. Dentro de la bolsa está su pequeño vestuario, que están armando. Vestidos, corbata, lentes, anteojos, etc. Todos van corriendo hacia el lugar, incluso los guitarristas, que no habían dejado de tocar desde que llegaron.
Seleccionan el vestuario y comienza un grupo a preparar la escenografía. Son dos grupos y tienen que improvisar los diálogos de las historias que organizaron la clase anterior.
Julia me llama para ser parte del público. Me siento en una banqueta. Y comienzo a disfrutar de la obra.
No parecía improvisado, fue genial.
Luego siguió el otro grupo. Un poco más desordenado.
Julia les menciona algunos detalles que tienen que tener en cuenta y los alienta a seguir.
Las historias dramatizadas me asombraron. Tenían contenido de política, de poder, el discurso de los medios, de las redes sociales. ¡Terrible crítica y manera de canalizarlo!
Ya termina. Ni sospecho qué hora es. Los chicos y las chicas comienzan a irse. Algunas se quedan a ayudar a Julia y Gabi a ordenar.
Saco de la mochila el celular. ¡Maldición! Son las seis y ya entro a cursar. Saludo a las chicas y me voy de la sala.
Recorro los pasillos, con pasos lentos. Como queriendo detener el tiempo, congelar el momento. Voy pensando en lo que pasó. En la escuela. Lo que me gusta y lo que me cuesta estar ahí.

¿Dónde seguir a los chicos del CAJ? ¡Aquí, en su canal de Youtube!

1 Comment

  1. Que buena mirada, Justi…! Gracias, equipo de Cazadora, por desear mirarnos y plasmarnos, inmortalizarnos, en esta cronica…Y por que, no? Atizar estos fueguitos junto a nosotros…!

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