Lo que nos une es siempre invisible

Por: María Crista Galli @yescapaensucoch

Recuerdo un alemán que conocí hace unos años yendo de Berlín a Varsovia con una amiga artista, que se estaba quedando conmigo unos días. Después de una noche entera en una milonga (en Alemania hay muchas), decidimos tomar el primer tren hacia la capital polaca, que ninguna de las dos conocía. Todavía estábamos borrachas cuando llegamos a la terminal, sin haber dormido siquiera una horita.
Thomas estaba sentado frente a mí, pero solo pudo sacarme conversación a mitad del trayecto, porque yo iba prácticamente dormida. Me contó que desde hacía quince años vivía en Osinów Dolny, el pueblo polaco más cercano a la frontera con Alemania. Tenía sesenta y cinco años, era psiquiatra y neurólogo y antes de jubilarse se había dedicado a la investigación por un tiempo, luego de que muriera su última esposa. Se había especializado en los efectos del olor en el ánimo y la psiquis.
Me explicó que las personas muchas veces se buscan o se aman por su causa y que también puede ser que ciertos aromas lleven a los humanos a sentir momentos plenos de alegría o de tristeza. Estuve de acuerdo. Hablamos de las abejas y sus feromonas, un tema que me apasiona. Pero había algo más, me insinuó con entusiasmo, como si hubiera estado años esperando a que alguien se interesara de verdad en su teoría. Había algo más, algo que iba más allá de la mera atracción química, la continuidad de las especies o la supervivencia del más apto. Entonces me contó que en Alemania, antes de la división, se usaban unas estufas a barro cuyo olor particular marcó de cierta manera su infancia. Durante la guerra fría, Thomas y su familia habían vivido en la RDA, donde no se conseguían más estufas y se olvidó completamente de ellas. Después de la caída del muro, volvió al oeste del país, ya viudo, y conoció a una mujer polaca de quien se enamoró profundamente. Era la mujer de su vida. Se llamaba María. Su piel olía a barro. Años más tarde, ella le contó que de donde venía también eran muy comunes esas mismas estufas.
Lo que nos une es siempre invisible.

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